La
hipertensión representa en si misma una patología, pero más frecuentemente es
el reflejo de alguna otra enfermedad como patologías renales, endocrinas,
cardiovasculares o neurogénicas. Así es que será preciso un previo diagnóstico
médico.
Lo
fundamental es que tanto la presión sistólica como la diastólica estén dentro
de los límites normales: 140/90 mmHg.