Existe
la idea errónea de que las personas de mayor edad no necesitan tantas horas de
sueño como los jóvenes o el resto de los adultos. Lo que sí es un hecho es que,
hasta cuatro de cada diez personas mayores de 65 años mantienen un sueño
inestable y fragmentado, con escaso tiempo de sueño nocturno, lo que les
obligará a realizar siestas diurnas , dando la sensación de que todo el día lo
pasan durmiendo.
Esta
escasez de sueño agrava las situaciones depresivas y de ansiedad, situaciones
que a su vez ocasionan dificultad para conciliar el sueño y los frecuentes
despertares intrasueño.
El
sueño de las personas de mayor edad, con buen estado de salud, tiene alguna
característica diferenciadora de otras edades, con decremento del sueño REM y
del Sueño Profundo y aumento del Sueño Superficial; pero si se mantiene un
tiempo total de sueño este deberá ser totalmente satisfactorio y despertaremos
en excelentes condiciones físicas y mentales.
Las
patologías intercurrentes pueden ocasionar alteración en el sueño como sucede
en los varones con la patología prostática que al aumentar la urgencia
miccional nocturna, interrumpirá el sueño y obligará a acudir al baño,
ocasionando despertares a veces duraderos.
Los
trastornos de origen psicológico como depresión y ansiedad, son las más
frecuentes causas en la mujer del insomnio.
Y
por supuesto la falta de actividad física y mental la encontramos en el
trasfondo de todos los insomnios.
Al
abandonar los horarios laborales que obligan a levantarse a horas tempranas,
existe el riesgo de caer en la tentación de alargar la tarde hasta más allá de
la media-noche, craso error, eso nos obligará a retrasar la hora de
incorporarnos en la mañana a las 9, las 10, las 12… perdiendo horas de un
tiempo vital para realizar las actividades posiblemente, más gratificantes.
¿Qué
hacer frente al insomnio?
Una
vez descartada patología física o psicológica, habrá que poner en marcha los
principios básicos de la denominada como Higiene del Sueño
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